EL CENTRO ES UNA TRAMPA MORTAL PARA LOS TRABAJADORES EN CULIACÁN

MARIO KATO.-

La tragedia de este lunes 13 de septiembre, en el que se derrumbo una parte del techo de la zapatería B hermanos ubicada por la calle Ángel Flores, accidente en cual lamentablemente murió la joven Susana de solo 29 años, quien era la gerente de la sucursal, nos rememora a la tragedia que pasó justo a una calle de ahí, el incendio de la Coppel Hidalgo, en el que murieron seis mujeres empleadas.

Nos es casualidad que en este país, el protagonismo de las desgracias siempre lo tengan trabajadoras, gente que tiene que cumplir amplias jornadas laborales para percibir salarios indignantes, tampoco sorprende que en la mayoría de los casos sean mujeres la afectadas.

El derrumbe de la B Hermanos tiene el mismo origen que el incendio de la Coppel Hidalgo, negligencia criminal de empresarios avaros e irresponsables y la omisión de autoridades corruptas y mediocres, las preguntas son las mismas que hace 10 años ¿Quién otorgó los permisos para que un local en ruinas siguiera funcionando como si nada? ¿Cuándo fue la última vez que Protección Civil realizó una verificación al inmueble? En la tragedia de la Hidalgo salió a relucir que la tienda no contaba con salidas de emergencia que marca la ley, seguramente en los peritajes de la zapatería saldrán anomalías de ese tipo.

Otra cosa que quedó en evidencia, es que los cuerpos de rescate no tienen las herramientas básicas para hacer su trabajo en accidentes como este, se tuvo que rentar de urgencia puntales para sostener el resto del techo y evitar el colapso so total, y los bomberos y rescatistas no pudieron actuar de inmediato por falta de equipo, ya no sabremos si una reacción inmediata hubiera salvado la vida de Susana, y no la culpa no es de los Bomberos, ni de Protección Civil ni de la Policía Municipal que dejó su máximo esfuerzo, la culpa es de una clase gobernante que les regatea lo necesario para lograr sus objetivos.

Incendios, derrumbes, asaltos, balaceras, carros y camiones a exceso de velocidad y un sin fin de calamidades, han convertido al centro de Culiacán, en una trampa mortal para quienes se ven obligados a recorrerlo cotidianamente, por la necesidad de llevar un ingreso a casa; esperemos que ahora sí, el gobierno tome cartas en el asunto para evitar más tragedias y que la vida de Susana no sea en vano, pero lo dudo… ¿Y la sociedad cuando iremos a dejar de aceptar gobiernos mediocres que nos matan con su negligencia?

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