Culiacanazo: El simulacro que se volvió realidad

Por Mario Kato.- Hoy se cumplen tres años del rescate de Ovidio Guzmán López, día en que los sicarios bajo la orden de «Los Chapitos», tomaron la ciudad, quemaron carros de gente inocente, causaron enfrentamientos en zonas céntricas, en los cuales murió gente inocente.

También, lastimaron fuertemente nuestra vida institucional, dejando claro, que el gobierno en sus tres niveles, está rebasado en el tema de la Seguridad Pública, la razón no es falta de capacidad, sino exceso de complicidad.

La manera en que me tocó vivir aquella tarde, esta llena de ironía, ya que en el colegio en el que trabajaba en ese entonces, justo ese día, y unos minutos antes de que se desatará el infierno, teníamos programado un simulacro.

Ese colegio invierte mucho en Protección Civil, cada mes hay simulacros, la mayoría de sismo o de incendios, pero aquel 2019 se comenzaban a prácticas cosas más comunes para Culiacán, como lo son las inundaciones y las balaceras.

Justo el 17 de octubre, teníamos la encomienda de hacer un simulacro en caso de balacera, después de la hora de comer, ósea a las 2 de la tarde, incluso al ser un tipo de sonido de alarma diferente al de incendios, ni siquiera teníamos dicha grabación en las instalaciones, nos pasaron el archivo por WhatsApp, teníamos que reproducirlo en las bocinas con las que el salón contaba.

Las cuestiones logísticas, no hicieron comenzar como las 2 y media de la tarde, y ahí empezó la lucha con adolescentes, indiferentes y ahuevados en dejar de fingir que aprenden, para tener que replegarse a la pared, tirados en el piso, por algo que es «dioquis».

Después de casi 20 minutos de forzar dicho simulacro, mi compañera maestra y yo nos disponíamos a re acomodar al grupo y retomar las hora de clases que faltaba, en eso, vino de orden de mantenernos replegados, los guardias del colegio reportaron ruido de disparos por el bulevar Eldorado, justo por la puerta principal del colegio.

Había que esperar unos minutos después de los disparos, para poder retomar la rutina, el problema es que ya no pararon, vino el reporte de más balazos pero ahora rumbo a Ciudad Universitaria, y de pronto en lugar de que estudiantes y docentes dejaremos el colegio para ir a nuestras casas, empezamos a recibir gente, padres y madre de familia, que entraron corriendo, cuando las detonaciones subieron de nivel y cercanía.

Los videos de hombres armados recorriendo la ciudad, cerrando calles, quemando camiones y vehículos comenzaron a circular, poco a poco, se empezó a develar el origen de la guerra que había afuera.

Fueron horas y horas de tensión y de espera, por fortuna la mayoría nos comunicamos con nuestros seres queridos y estaban a salvo, quienes tuvimos suerte, pudimos empezar a transitar por la ciudad alrededor de las seis de la tarde, cuando ya no había enfrentamientos.

Pero debido a que los principales puentes que unen al centro con el norte de la ciudad, estaban cerrados con carros quemados atravesados, mucha gente no pudo volver a su casa, esa noche más de 30 personas durmieron en el colegio, y según se supo cientos más durmieron en casas ajenas y hasta supermercados.

Los criminales que secuestraron la ciudad, siguen tranquilos, paseándose por ella, y la mayoría de la población que fue secuestrada aquella tarde, hoy les rinde culto.

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