• agosto 13, 2026 12:15 pm

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CHISPAZO
Por Felipe Guerrero Bojórquez.-

Entre el pasado  fin de semana y hasta el día de ayer, en Mazatlán hubo 17  homicidios dolosos: entre ellos, un residente canadiense y un hombre decapitado, con la cabeza envuelta en una cartulina y un mensaje en el que se advierte que la plaza ya tiene dueño. Típico de la guerra entre facciones.

En lo que va del mes, en el puerto se han acumulado 20 ejecuciones, sin contar los asesinatos en los municipios aledaños, en una guerra, no que se desplazó del centro al sur, sino que se incrementó en la medida que se ocuparon más pertrechos, dinero, refuerzos y alianzas estratégicas: Los Mayitos con Los Cabrera del corredor Durango-Coahuila, y Los Chapitos con el Cartel Jalisco Nueva Generación en el corredor Nayarit-Jalisco. 

Por eso, antes de que Los Mayos se metieran directamente al puerto, la línea Villa Unión–Escuinapa ya estaba convertida en zona de guerra, porque significaba la puerta de entrada de ambos refuerzos. 

En el sur, principalmente en Escuinapa, ya hace meses que los grupos delictivos se instalaron y luchan violentamente por la plaza. No se trata de apoderarse solo del territorio: se trata de controlar un paso estratégico con Nayarit y Jalisco, por mar y tierra, principalmente. Lo mismo ocurre en el área de Concordia–Villa Unión, donde la lucha ha sido intensa en los últimos meses; por eso, ambos grupos empezaron a formar células fuertemente armadas en los pueblos serranos de Mazatlán, aledaños a la Presa Picachos, y a sostener fuertes enfrentamientos en San Marcos, El Placer, Pichilingue hasta El Recodo, y de ahí hasta bajar a El Roble y Villa Unión. 

En toda esa zona, al igual que en la parte alta de Concordia, sobre todo en El Palmito, desde hace dos meses se han intensificado los enfrentamientos, dejando cadáveres desparramados entre veredas, brechas y el monte, que los mismos habitantes han tenido que sepultar por tanta peste. No es exageración: lo cuentan los vecinos, y lo sabe el Ejército y la Marina, cuyos operativos en los últimos días han sido intensivos, con detenciones y decomisos de armas muy importantes, sobre todo en la zona rural de Mazatlán.

En cambio, en la zona urbana, la estrategia delictiva cambia, porque los objetivos son más selectivos. Es decir, la violencia que se ha desplazado al puerto tiene que ver con eliminar a halcones y a operadores de medio pelo; pero también, de acuerdo con fuentes castrenses, ha determinado que parte de la estructura financiera y administrativa haya abandonado la plaza, no solo por la confrontación, sino porque también  Estados Unidos ha boletinado nombres y empresas con residencias  en esta ciudad turística.

De hecho, en las últimas semanas, inteligencia militar detectó diversas casas de seguridad en distintos fraccionamientos al norte de la ciudad, por lo que se han dado detenciones de operadores de alto nivel, algunos reclamados por Estados Unidos. 

Desde hace ya 10 días, Mazatlán luce sitiado por las fuerzas armadas, principalmente por la Sedena, que mantiene retenes permanentes a las entradas de la ciudad y en puntos estratégicos, además de patrullajes constantes en las colonias más conflictivas. De hecho, en fraccionamientos ubicados entre El Seminario y la Avenida Óscar Pérez, el Ejército instaló bases provisionales pero permanentes, y lo que era ahí ajetreo de punteros disminuyó sensiblemente. 

Pero a pesar del esfuerzo federal, la guerra entre las facciones no solo sigue: también arrecia. ¿Por qué? Porque, contra lo que se pudiera pensar, el Ejército y la Marina, en la práctica, no conocen el terreno tanto como las fuerzas fácticas, que además reciben apoyo logístico local. Inteligencia militar lo sabe, pero la política presidencial se orienta más a hacer creer eso de la “coordinación y el esfuerzo conjunto con las autoridades estatales y municipales” que confrontarse. Eso lo consideran un desgaste y, al final, prefieren actuar por su cuenta y asumir los riesgos necesarios. 

Se sabe  que de manera especial,  en el caso de Mazatlán, la propia presidente Claudia Sheinbaum ha dado instrucciones a  las fuerzas federales para que vayan a fondo, y para evitar que muy pronto se convierta en otro Acapulco, donde la violencia extrema y el control de los gobiernos locales por parte  crimen ya cobró carta de naturalización.  

Mazatlán: o se rescata o se hunde.

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