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Por Jose Luis Lopez Duarte.-

En su afán por seguir engañando, atrapando y alimentando a sus porras y bots, la Cuarta Transformación (4T) no repara en nada. Al igual que Andrés Manuel López Obrador durante su mandato en Palacio Nacional, donde la desinformación se convirtió en un arte, sus herederos pretenden seguir ese mismo guion. Su retórica ha alcanzado niveles preocupantes, especialmente desde la Secretaría de Economía, donde la afirmación de que la inversión extranjera directa (IED) ha superado en más del 10% la del segundo semestre de 2024 es simplemente desconcertante.

Anuncios como “Máximo histórico: el segundo semestre de 2025 en inversión extranjera directa” son ilustrativos del juego de espejos en el que vive el gobierno. Con gráficos y declaraciones altisonantes, aseguran que México recibió en abril, mayo y junio de este año 34,625 millones de dólares, cuando el máximo de IED en 2023 fue de 36,058 millones y apenas alcanzó 36,872 millones en 2024. Es un hecho relevante que, de esa cifra supuestamente mágica, un 97.4% corresponde a inversiones acumuladas de años anteriores; es decir, los tan esperados nuevos flujos de inversión apenas sumaron 900 millones de dólares.

Surge la pregunta: ¿de dónde obtiene la 4T esos datos que proclaman con tal seguridad? La contradicción es aún más evidente cuando 20 grandes empresas, distribuidas en 10 estados, han decidido regresar a sus países de origen en el primer semestre del año. Entre ellas, IBERDROLA, que ha puesto a la venta activos valuados en 6,000 millones de dólares. La marcha de estas empresas choca frontalmente con la narrativa oficial que sostiene que la inversión extranjera está en ascenso. ¿Cómo es posible que se vayan las empresas extranjeras y, paradójicamente, la inversión se dispare hacia las nubes?

La presidenta Claudia Sheinbaum, quien debería ser la figura que marca una nueva dirección para el Estado mexicano, parece estar más cerca de replicar el legado de AMLO. Sus mañaneras, impregnadas de un discurso que adora los mitos de la 4T, nos recuerdan que no se ha consumado un cambio real. Afirmar a voz en cuello que “ni los aranceles pudieron con la economía mexicana” y desligar el éxito del T-MEC de las políticas neoliberales revela una falta de honestidad intelectual preocupante. Las políticas de la 4T, lejos de ser una panacea, han sido el resultado de condiciones previas y no de una magia gubernamental.

Detrás de esta constante alharaca gubernamental se encuentra un intento desesperado de evitar la caída provocada por crisis económicas y políticas arrastradas por sus administraciones en todos los niveles. Desde el gobierno nacional hasta los municipios, la ineptitud y la incompetencia se han convertido en la norma, lo que resuena con la historia del PRI, que tardó 70 años en enfrentar su crisis de gobernabilidad. Morena y la 4T, en solo siete años, han demostrado que, en lugar de aprender de la historia, prefieren inventar, mentir y engañar.

El próximo primero de septiembre, la presidenta Sheinbaum presentará su primer informe de gobierno ante el Congreso de la Unión, y es probable que busque mostrar datos que la proyecten como exitosa, mientras el país se encuentra empantanado, incapaz de salir adelante. Si continúa con la política de su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, seguirá arrastrando a México a una situación insostenible. En este contexto de desinformación y narrativas engañosas, la verdad parece ser el recurso más escaso en el arsenal de la 4T.