Caja Política

LOS SIETE LOCOS|“Si vas a ser escritor, nada ni nadie lo puede impedir”: Alberto Guerra Naranjo.

La entrevista por Hernán Arturo Ruíz.-

Alberto Guerra Naranjo  (La Habana, Cuba, 1963) es autor de novelas imperdibles como “La soledad del tiempo” y “Los conjurados” y de cuentos memorables como “Lincoln la Voz”. Ha sido galardonado por su obra literaria con multiples premios, entre ellos el Premio «La Gaceta de Cuba» en 1999, el «Ernest Hemingway» en 1998 y el premio «Razón de Ser” de 1999. Su obra lo ha llevado por diferentes países en los que ha demostrado que cada reconocimiento es bien merecido. Escribe de música, del amor, de la guerra, con una prosa ágil y original.

Recientemente estuvo en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y fue invitado de honor al Laboratorio para Narradores de Mariel Iribe Zenil.

Es por ello que en esta ocasión, en Caja Política, quisimos charlar con este escritor cubano que se describe así mismo como “uno de los 8 mil millones de terrícolas al que le ha tocado vivir entre siglos y entre milenios desde el año 1961 hasta la actualidad y que no solo me he animado a vivirlos con suma intensidad sino que hasta me he animado a contarlos con todas mis fuerzas a través de la narrativa”.

¿Cómo es escribir desde Cuba? 
Escribir en Cuba es como escribir en cualquier otra zona del planeta donde como escritor hayas tenido la posibilidad de haber aprendido algún alfabeto de comunicación, y donde hayas podido prepararte adquiriendo conocimientos de todo tipo y sobre todo literarios en las diferentes bibliotecas donde conviven los escritores anteriores, y por otra parte, ese escritor que escribe en Cuba o en cualquier otro lugarcito debe tener disposición, decisión, empuje, ganas de escribir ficciones y de publicarlas, ah, y por último, ese escritor debe tener un poco de talento, de peso, de ideas literarias. Cuando tienes esas mínimas facilidades a tu favor, que son las que interactúan desde la piel hacia adentro del escritor, pues no importa mucho lo que ocurre afuera de tu piel de artista, no importa que haya guerras, bombardeos, ciclones, terremotos, apagones, narcos, violencia, hambre, desempleo, desgracia, o que en cambio, haya felicidad plena, tiendas repletas con productos baratos, armonía social, desarrollo, felicidad. Si vas a ser escritor, nada ni nadie lo puede impedir.

¿De quién aprende un escritor como Alberto Guerra Naranjo?
Recuerdo que cuando tenía cinco o seis años un vecino mucho mayor hizo un dibujo de un rostro y me conminó a que dibujara el mío. Creo que fue allí donde comenzó todo, días después el vecino quedó pasmado al comprobar que a golpe de repetirlo mi dibujo del rostro había superado al suyo. Lo que ocurrió después fue natural, en la escuela me convertí en el pintor de todas las aulas y cursos donde me tocara estudiar. Luego, en los cines de mi barrio descubrí a Charles Chaplin, en la biblioteca descubrí a Antón Chéjov, a Hemingway y a Dostoievsky y me empecé a interesar en la dramaturgia y en el deseo de contar historias. Todo fue un proceso de asimilación natural, sin que se sintiera el esfuerzo por convertirme en escritor de ficciones, solo sentía placer consumiendo buenas y malas y peores historias. Para colmo en la universidad me licencie en educación, especialidad Historia y Ciencias Sociales, lo que dio, tal vez, un toque medio científico a mi formación literaria.

Los conjurados es una gran novela, ¿cómo nace?
Mi novela “Los conjurados” nace por mi deseo de contar la vida de mis padres en los años cincuenta en Cuba, digamos que para que mi hijo y mis sobrinos tuvieran esa época organizada en una novela y no dispersa en los cuentos de infancia que su abuela les hacía. Dice mi querida madre Mercedes que esa novela ella me la dictó a mí y tiene mucha razón, entre ella y mi padre, cada cual por su lado me la fueron dictando desde que nací. Quise escribir sobre los años cincuenta, pero con la velocidad y el instrumental narrativo de estos tiempos.

¿Es difícil escribir sobre el pasado?
Escribir con efectividad siempre es difícil, sea del pasado, del presente o del futuro, porque el pacto lo cierra el amable lector, quien es quien tiene la última palabra cuando levanta o baja el pulgar, a favor o en contra de lo leído en el caso de que llegue con el escritor hasta la última página. Por supuesto que cuando el escritor se remonta a determinada época histórica, la exigencia para convencer, persuadir y manipular al lector requiere de más recursos que si se tratara del tiempo presente, pero a favor de escribir sobre el pasado se tiene que dicho pasado es de todos, del escritor y del lector, y está acuñado, comprobado, estudiado y petrificado en la memoria colectiva; al escritor corresponde entonces desencartonarlo, desacralizarlo, ponerlo en movimiento otroa vez.

Lincoln La voz es un cuento que te ha dejado muchas satisfacciones, traducciones, publicaciones, reconocimientos, ¿cómo se te ocurrió?
Una vez tropecé en la calle con uno de los músicos más famosos que habían cantado en las orquestas bailables de mi país y al verlo tan jodido, con una bolsa con guayabas y el pantalón mal surcido en algunos huecos, me dije que mi deber era escribir una historia donde lo revindicara como el grande artista que fue. No será el primer artista que después de tocar el cielo con las manos el piso se le derrumba y cae al abismo, de ahí que Lincon la voz sea un humilde homenaje que hago a quienes nos han mejorado la vida por un tiempo o todo el tiempo para luego ser ganados por el olvido. Me satisfizo mucho que ese cuento haya calado en decenas de lectores, además, tan musicales como somos en Latinoamérica y tan poco dados que somos los escritores a escribir sobre música y músicos, así que no me arrepiento de haber aportado Lincon la voz.

¿Es difícil pasar del cuento a la novela y viceversa?
Lo importante a la hora de escribir ficciones de cualquier tipo es tener en la cabeza la estructura que necesitas emplear para tu historia. En mis cursos de Escritura Creativa siempre explico a mis estudiantes acerca de la necesidad de tener bien presente que la estructura de algo es la interrelación equilibrada que existe entre sus partes y el todo; cuando se tiene esa claridad estructural incorporada se borran las diferencias entre escribir cuento o novela.

Acuñaste un nuevo género literario, “Los Mini Albertos”, ¿por qué no llamarles minificción o microcuentos? ¿Qué los hace Mini Albertos?
Ante la dificultad de publicar y ante la necesidad de poseer lectores asumí que debía escribir historias cortas para publicarlas en Café Naranjo de Facebook, mi sitio literario, pero algunos jóvenes amigos al leer mis textos me dijeron que no eran minicuentos porque no cumplían los parámetros que a ellos le habían enseñado en los cursos de Técnicas Narrativa, y entonces, para no contrariarlos les dije que en vez de publicar minicuentos, publicaría minialbertos.

Hay cierta musicalidad en tu obra, un diálogo con la identidad más rítmica de tu patria, ¿es a propósito?
Un escritor de ficciones que no le ponga aritmética, cálculo, ritmo, música, a su obra narrativa de modo consciente, tan como lo han hecho todos los grandes narradores que han existido, está condenado al fracaso. Decía Walter Benjamín que no es la forma ni el contenido lo que importa sino la sustancia, a lo que agregaría yo que si esa sustancia no viene con ritmo, con música, aburriríamos al lector y nos cerraría el libro antes de llegar a la última página.

He visto que tu obra ha alcanzado a diferentes países, que has cruzado el charco varias veces para presentar tu obra en México, Argentina…
Gracias a mi humilde escritura he tenido la oportunidad de que me hayan invitado a varios sitios del planeta o que haya sido la obra la que viaje a otros países e idiomas y me parece muy bien. Me he pasado unos cuarenta años de mi vida en ese amable proceso de ofrecer resonancias y tu entrevista es una evidencia más que agradezco.

Los temas en tus cuentos y novelas abordan, a veces de forma directa como en Los conjurados, otras de manera más sutil, la situación política de tu país, ¿hay cierta intención en esto o se da de forma natural?
Yo intento escribir sobre la condición humana, sobre el drama de mis personajes donde primero está su conflicto interno, personal, familiar, social y luego, de refilón, viene el político, eso es lo que me planteo, pero si no siempre me sale así ya es otra cosa. Deben ser los tiempos que nos están tocando o debe ser que estudié historia y ciencias sociales y esas vainas luego persiguen por el resto de la vida.        

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