• agosto 13, 2026 1:49 pm

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LOS PORTALES
Por Ana Karen Zazueta.-

Hay personajes que llegan a ciertos cargos por trayectoria propia, por peso político, por prestigio o por una carrera construida a pulso. Y hay otros que llegan porque alguien los lleva de la mano.

Édgar Donato Vega Márquez pertenece claramente al segundo grupo.

El actual presidente del Tribunal Electoral del Estado de Sinaloa podrá presumir títulos, cargos, currículum y toda la parafernalia académica que quiera, pero su carrera política no se entiende sin Enrique Inzunza Cázarez. Así de sencillo. Inzunza ha sido su padrino político, su referencia y, para decirlo sin los eufemismos que tanto gustan en la política sinaloense, quien lo colocó en la ruta que finalmente terminó llevándolo hasta la presidencia del TEESIN.

Por eso, lo que está ocurriendo alrededor de Imelda Castro no puede analizarse como si Donato fuera un magistrado caído del cielo.

El Tribunal Electoral ha ordenado profundizar investigaciones relacionadas con denuncias contra la senadora con licencia por presuntos actos anticipados de campaña y supuesto uso de recursos públicos en sus recorridos por Sinaloa. Hasta ahí podría tratarse simplemente del funcionamiento ordinario de una autoridad electoral. Que investiguen lo que tengan que investigar y que resuelvan conforme a derecho.

El problema es todo lo demás.

Porque Donato parece empeñado en dejar de comportarse como presidente de un tribunal para convertirse en protagonista del pleito político. Entrevistas, declaraciones, fragmentos difundidos desde sus propias redes y desde las cuentas institucionales del TEESIN, advertencias sobre posibles filtraciones y una fijación cada vez más evidente alrededor de Imelda Castro.

Eso ya no parece prudencia judicial, es golpeteo, y además un golpeteo bastante burdo.

Lo verdaderamente llamativo es que Donato aparentemente no comprende que cada vez que se expone de esa manera no fortalece su imagen de independencia, sino exactamente lo contrario. Cada aparición pública termina recordándonos quién está detrás de su trayectoria política.

Enrique Inzunza.

Ahí está el elefante en la habitación.

Podrán molestarse quienes quieran, pero en política las lealtades existen y los padrinazgos también. Donato Vega ha estado demasiado cerca de la estructura de Inzunza como para que ahora pretenda vendernos la imagen de un magistrado absolutamente ajeno a los intereses y disputas del grupo al que políticamente le debe tanto.

Y aquí hay algo todavía más interesante.

Inzunza necesitaba a alguien de absoluta confianza en esa silla y Donato era el personaje perfecto. Colocar a su propia hermana, Aída Inzunza, habría sido demasiado incluso para los amplísimos márgenes de descaro que suele permitir la política.

Porque no olvidemos el contexto. Cuando se configuró esa presidencia, Enrique Inzunza seguía siendo uno de los nombres que aparecían alrededor de la sucesión de 2027. Todavía el pasado 30 de abril era considerado públicamente como uno de los posibles aspirantes a la gubernatura y no fue sino semanas después cuando terminó por bajarse de la carrera.

Imaginen entonces el tamaño del escándalo.

Un aspirante a gobernador con su propia hermana presidiendo precisamente el Tribunal que, llegado el momento, realiza el cómputo final de la elección, declara su validez y expide la constancia al gobernador electo.

Hasta para ellos habría resultado demasiado evidente.

Había que guardar ciertas apariencias.

Y para eso estaba Donato.

Por eso, se sabe que Donato no es más que un testaferro sentado en la presidencia del Tribunal Electoral o, peor aún, un mandadero vestido de toga.

Porque cuando un funcionario cuyo deber fundamental debería ser cuidar la imparcialidad institucional termina dando la impresión de encargarse del trabajo sucio contra una adversaria política de su padrino, el lenguaje delicado comienza a sobrar.

Y no, esto no significa que Imelda Castro tenga patente de corso. Si cometió alguna irregularidad electoral, que se pruebe y que se sancione. Punto. Lo cuestionable es que el presidente del órgano encargado de juzgar estos asuntos parezca tan entusiasmado en colocarse personalmente bajo los reflectores.

Hay una escena recurrente en la literatura clásica, el criado que intenta anticiparse incluso a los deseos de su señor. No necesita recibir una instrucción expresa, conoce tan bien a quien sirve que sabe perfectamente qué hacer para conservar su favor. A veces hasta exagera.

Y eso es precisamente lo grave. Quien preside un tribunal electoral no puede comportarse como operador de un grupo político, mucho menos cuando sobre su trayectoria pesa la sombra de quien lo impulsó hasta donde está.

Donato debería ser particularmente cuidadoso porque mientras más intenta aparentar fortaleza institucional, más termina exhibiendo la pequeñez política de quien parece actuar pendiente de los intereses de otro.

Quizá debería concentrarse menos en perseguir filtraciones, dar entrevistas y mandar mensajes públicos a Imelda Castro, y preocuparse un poco más por aparentar que realmente preside un tribunal autónomo.

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