• agosto 13, 2026 12:14 pm

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EL TÁBANO
Por Ismael Checa Landeros.-

En política, la lealtad es una característica que se valora mucho y, en algunas ocasiones, hasta más que las capacidades. Esto, sin lugar a dudas, lo sabe muy bien el licenciado Feliciano Castro Meléndrez, quien desde hace varias décadas participa en política, conoce sus reglas y sabe perfectamente que en este oficio pocas cosas se olvidan, pero menos aún las lealtades y las deslealtades.

Viene a colación por los momentos que vive Morena en Sinaloa, donde está en juego la Coordinación Estatal para la Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional. En esta competencia, muchos de los que escriben de política ubican a varios participantes como “rochistas”, es decir, personajes identificados políticamente con el gobernador Rubén Rocha Moya.

Y aquí aparece algo que llama poderosamente la atención.

La candidata que Feliciano Castro apoya abiertamente y de cuyo equipo forma parte no aparece señalada precisamente dentro de ese grupo.

¿Será estrategia?

¿Será de común acuerdo?

¿O será deslealtad?

Lo que sí es de todos sabido es que Feliciano Castro llegó a los cargos más importantes de su historia política reciente bajo la sombra y con el respaldo de Rubén Rocha Moya. Por eso muchos esperarían verlo hoy defendiendo abiertamente a su mentor político o, cuando menos, dejando clara su pertenencia al grupo que lo llevó a posiciones que difícilmente habría alcanzado sin ese respaldo.

Y hasta hoy, amables lectores, eso no se ha visto.

Por el contrario, algunos personajes cercanos a Feliciano, incluso quienes ocupan posiciones importantes dentro de Morena Sinaloa, son ubicados políticamente en una ruta distinta a la de los llamados rochistas.

Claro que habrá quienes digan que Feliciano ya había sido diputado antes de Rocha. Es verdad. Pero también hay que recordar que aquella diputación llegó como una cuota del ya extinto PRD. Una cosa es haber ocupado anteriormente un cargo y otra muy distinta es explicar el crecimiento político que tuvo en los últimos años.

La diputación local, la coordinación del grupo parlamentario de Morena y la presidencia de la Junta de Coordinación Política del Congreso del Estado difícilmente pueden entenderse sin el visto bueno de quien mandaba desde el tercer piso.

Después vendría la Secretaría General de Gobierno y posteriormente la Secretaría de Economía.

Es decir, Rocha no solamente le abrió espacios. Le dio confianza política.

Y no fue únicamente para él. Personas cercanas a su grupo también alcanzaron posiciones importantes, desde una diputación local hasta la Secretaría de Educación Pública y Cultura, y posteriormente una diputación federal.

Por eso la pregunta resulta inevitable.

Feliciano Castro es un hombre cien por ciento político. Le sabe a esto, conoce los tiempos, entiende las señales y seguramente está mirando varios movimientos adelante.

Entonces, ¿qué está viendo Feliciano que nosotros todavía no vemos?

¿Por qué no refrendar públicamente su cercanía política con Rocha precisamente cuando algunos de los llamados rochistas están metidos de lleno en la competencia?

Puede ser estrategia. Puede ser cálculo político. Puede incluso existir un acuerdo que desde fuera no conocemos.

Pero también existe otra palabra que en política pesa mucho.

Deslealtad.

Y el tiempo, como siempre, terminará diciéndonos cuál de todas era la respuesta.

P.D. Nos vemos en la próxima entrega.

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