NUEVA YORK – En un hecho histórico que ha paralizado la opinión pública global, Nicolás Maduro Moros compareció este lunes por primera vez ante una corte federal del Distrito Sur de Nueva York. Vestido con un uniforme azul de detenido y mostrando signos visibles de agotamiento, el exmandatario venezolano se declaró «no culpable» de los cargos de narcoterrorismo, conspiración y tráfico de armas que le imputa el Departamento de Justicia de los Estados Unidos.
La audiencia, presidida por el juez Alvin Hellerstein, duró aproximadamente 40 minutos bajo estrictas medidas de seguridad. Maduro, quien llegó escoltado por agentes de la DEA tras su traslado desde el centro de detención en Brooklyn, utilizó su intervención para denunciar la ilegalidad de su captura en Caracas. «Soy el presidente constitucional de Venezuela y me considero un prisionero de guerra», afirmó en español ante el tribunal, antes de ser interrumpido por el magistrado, quien señaló que los reclamos políticos no tenían lugar en esa fase del proceso judicial.
Junto a él, su esposa Cilia Flores también se declaró inocente de los cargos de conspiración. La fiscalía estadounidense sostiene que Maduro lideró durante años el «Cartel de los Soles», una organización que presuntamente utilizó las instituciones del Estado venezolano para facilitar el envío de toneladas de cocaína hacia territorio norteamericano en colaboración con grupos guerrilleros y carteles internacionales.
El abogado defensor, Barry Pollack, conocido por representar previamente a Julian Assange, confirmó que su cliente rechaza todos los cargos y que la defensa se basará en la «inmunidad soberana» y las irregularidades de la operación militar que llevó a su detención.
Al finalizar la sesión, el juez fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo de 2026. Mientras tanto, Maduro permanecerá bajo custodia federal sin derecho a fianza. A las afueras del tribunal en Manhattan, grupos de manifestantes venezolanos se congregaron con pancartas divididas entre quienes exigen justicia por violaciones a los derechos humanos y quienes denuncian una intervención extranjera, reflejando la profunda polarización que este juicio ha despertado a nivel mundial.